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lunes, 6 de diciembre de 2010

Viejo de la montaña 3

Esta idea, que ya tenia pensada desde hace tiempo ahora aterrizada para el concurso de jovenes arquitectos ARPAFIL 2010. Colectivo Arkali presenta al Poeta del Espacio en, "La cabaña del viejo de la montaña" (interpretación poética espacial)... si quieren checar detalles, ver imagenes. (era una sola lámina, pero pesaba tanto que era dificil subirla)


chale, y una vez mas, volvi a perder, pero al menos el entusiasmo me hace caminar... :D

lunes, 9 de agosto de 2010

Viejo de la montaña II



Pico Peñon


para escuchar aqui

Cuando me cansa la gente y sus mañas
voy a la cumbre del Pico Peñón
entre sus riscos está mi cabaña
junto a las nubes del blanco algodón.

Uh, uh en la montaña
uh, uh llena de sol

De zarzamora se cuajan las rocas
yerba silvestre asoma doquier
hora tras hora las cabras tan locas
todo se comen con tal de comer

Un comerciante subío sofocado
vio mi ganado y me preguntó
-Cuántos cabritos tendra tu rebaño
Cuántos cabritos ¡Responde pastor!

Uh, uh pues este año
uh, uh son un montón
El traficante urgando sus dedos
hizo la cuenta para proponer
-Si me los vendes te doy un talego
archipleto con oro de ley.BR>

Uh, uh sin mis pequeños
uh, uh luego que haré

En la montaña no quiero dinero basta la dicha que da el corazón con mis cabritos soy dueño del cielo bajo la cumbre del Pico Peñón.





Fernando Delgadillo Jonas El Enterado

Jonas no era sino un joven
que la pasaba averiguando,
como así había sido siempre
no le hicieron mucho caso
y sabiendo del mundo poco
poco como el que no es sabio
poco y tan poco que un día
decidió que iba a hacer algo.
Me ando despidiendo pues
me marcho a las montañas, dijo
para mi regreso ya tendré
largas las barbas
quien le oyó se dijo entonces
Jonás siempre ha sido un necio
y a fe mia que su partida
está mejor que su regreso.
Poco le importaban que rieran
cuando se fue
ya conocía la risa
del que no puede entender.
Y se fue por los caminos
ágil errabundo y solo
iba dando briosos saltos
y cantando alegres tonos
en busca del viejo sabio
que lo contestaba todo
con harapos de100 años
y un cascabel en el gorro.
Le pasaron muchas cosas
porque muchas cosas pasan
a lo largo de los años
que se mora en las montañas
no encontró a nadie más sabio
que el corazón que llevaba
que le respondió sonriente
a todo lo que preguntaba.
Y un buen dia le vieron
regresar de algún lugar.
No pares de andar
repasa el mundo con tu pie
caminarán los hombres
y comprenderán después.
Volvió y no fue un día de fiesta
la gente miró callada
pues las barbas y la risa
le cubrian toda la cara,
traía un cascabel su gorra
desteñida y remendada
y unos harapos mugrosos
y una sombra adelantada.
Que me cuelguen de una encina
si no veo las caras (dijo)
de aquellos que preguntaron
hace tiempo y aún se rascan,
quien le oyó se dijo entonces
éste si que no ha cambiado
lo malo de que se haya ido
es que se haya regresado.
Se quedó por algún tiempo
hablando y organizando
festines y desafueros
por la villa y los villanos
pero llegó a tal su juerga
y festejar desenfrenado
que se celebró un concilio
y sin más un día lo echaron.
Y se alejó con las hojas
que colgaran de las ramas
a intervalos regulares
como pasos que se marchan,
la última vez que le vieron
no iba sólo, encabezaba
una cuadrilla de truhanes
que iba rumbo a a las montañas.
No pares de andar repasa el mundo
con tu pile caminarán los hombres y
comprenderán tal vez. mas
recordarán los hombres
y se olvidarán después.

miércoles, 4 de agosto de 2010

El Viejo de la montaña I



Zaratustra bajó solo de las montañas sin encontrar a nadie. Pero cuando llegó a los bosques surgió de pronto ante él un anciano que había abandonado su santa choza para buscar raíces en el bosque. Y el anciano habló así a Zaratustra:
No me es desconocido este caminante: hace algunos años pasó por aquí. Zaratustra se llamaba; pero se ha transformado. Entonces llevabas tu ceniza a la montaña: ¿quieres hoy llevar tu fuego a los valles? ¿No temes los castigos que se imponen al incendiario?
Sí, reconozco a Zaratustra. Puro es su ojo, y en su boca no se oculta náusea alguna. ¿No viene hacia acá como un bailarín?
Zaratustra está transformado, Zaratustra se ha convertido en un niño, Zaratustra es un despierto: ¿qué quieres hacer ahora entre los que duermen?
En la soledad vivías como en el mar, y el mar te llevaba. Ay, ¿quieres bajar a tierra? Ay, ¿quieres volver a arrastrar tú mismo tu cuerpo?
Zaratustra respondió: «Yo amo a los hombres.»
¿Por qué, dijo el santo, me marché yo al bosque y a las soledades? ¿No fue acaso porque amaba demasiado a los hombres?
Ahora amo a Dios: a los hombres no los amo. El hombre es para mí una cosa demasiado imperfecta. El amor al hombre me mataría.
Zaratustra respondió: «¡Qué dije amor! Lo que yo llevo a los hombres es un regalo.»
No les des nada, dijo el santo. Es mejor que les quites alguna cosa y que la lleves a cuestas junto con ellos - eso será lo que más bien les hará: ¡con tal de que te haga bien a ti!
¡Y si quieres darles algo, no les des más que una limosna, y deja que además la mendiguen!
«No, respondió Zaratustra, yo no doy limosnas. No soy bastante pobre para eso.»
El santo se rió de Zaratustra y dijo: ¡Entonces cuida de que acepten tus tesoros! Ellos desconfían de los eremitas y no creen que vayamos para hacer regalos.
Nuestros pasos les suenan demasiado solitarios por sus callejas. Y cuando por las noches, estando en sus camas, oyen caminar a un hombre mucho antes de que el sol salga, se preguntan: ¿adónde irá el ladrón?.
¡No vayas a los hombres y quédate en el bosque! ¡Es mejor que vayas incluso a los animales! ¿Por qué no quieres ser tú, como yo, - un oso entre los osos, un pájaro entre los pájaros?
«¿Y qué hace el santo en el bosque?», preguntó Zaratustra. El santo respondió: Hago canciones y las canto; y, al hacerlas, río, lloro y gruño: así alabo a Dios.
Cantando, llorando, riendo y gruñendo alabo al Dios que es mi Dios. Mas ¿qué regalo es el que tú nos traes?
Cuando Zaratustra hubo oído estas palabras saludó al santo y dijo: «¡Qué podría yo daros a vosotros! ¡Pero déjame irme aprisa, para que no os quite nada!» -Y así se separaron, el anciano y el hombre, riendo como ríen dos muchachos.
Mas cuando Zaratustra estuvo solo, habló así a su corazón: «¡Será posible! ¡Este viejo santo en su bosque no ha oído todavía nada de que Dios ha muerto!» –

Fragmento de "Asi hablaba Zaratustra"